domingo, 15 de noviembre de 2015

Un baño de bosque

Un día de trabajo cualquiera, salgo con los oídos zumbantes, los ojos cansados de la oscura pantalla del ordenador y siento como si la cabeza me fuese a estallar. Aún mi mente sigue dando vueltas, repasando en las tareas que ya han quedado hechas, en las que quedan pendientes, en las que se me han podido olvidar. Caras, voces, gritos, penas, lloros, llantos, quejas, risas, ruido, mucho ruido en la cabeza.....van quedando atrás, en el camino del centro de salud a casa. Y llego al bosque, entonces la luz y el verde me inundan, siento como me rodea la paz, y camino despacio, respiro lentamente, quiero empaparme a tope de este instante. Veo las montañas alrededor y dejo la mente en blanco para oír el musitar de las hojas bajo mis pies, sentir el aire o algún rayo de sol acariciar mi cara, oler el frescor de las plantas, refrescar mis ojos cansados con la gama de colores que el entorno me ofrece. Es mi baño de bosque para recuperarme del agotamiento y recuperar la paz y el equilibrio.

Baño de bosque o "Shinrin-Yoku", es un término acuñado por el gobierno nipón e inspirado en el practicante budista Shinto, y consiste en caminar a través de la naturaleza poniendo atención en cada detalle. Es curioso como llevo años realizando esta "terapia del bosque" y ¡sin saberlo!. Ahora en Japón se prescribe este tratamiento, la medicina del bosque, y se va extendiendo a Corea, Finlandia, EEUU... Aunque yo creo que el sentido común ya le decía a mucha gente como a mí lo que los estudios ahora están demostrando, esto es, que un paseíto por el verde te quiero verde monte o bosque te deja bien relajado y con las pilas cargadas.

Especialmente necesario en momentos duros, en estos últimos meses era como respirar. He acumulado tanta tensión que mi mandíbula se ha bloqueado y no podía comer del dolor que me causaba: La operación de mi hija, su recuperación del postoperatorio en casa, estudiar para la prueba de la evaluación de la competencia de la especialidad en enfermería pediátrica con escaso tiempo y dormir poco, trabajar, preparar un curso que impartí sobre emergencias pediátricas, hacer un seguimiento de un caso clínico sobre la evolución de una úlcera venosa para presentar a un certamen, trabajar y seguir en pie....

Pero ahora, ya todo queda atrás, y hay que pensar en lo que viene y aprender de lo que se fue mientras sigo con mis baños de bosque. Voy a empezar a prescribirlos, aunque la enfermería no sé si tiene competencias para hacerlo, otra lucha pendiente.....

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